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Maduro y Rajoy, dos años de desencuentros periódicos

El pasado 19 de abril se cumplieron dos años de la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela, en sustitución del fallecido Hugo Chávez. Ha sido un periodo marcado por desencuentros periódicos con el Gobierno de Mariano Rajoy que, harto de las salidas de tono de Maduro, ha recurrido este miércoles a una medida excepcional: llamar a consultas a su embajador en Caracas.

La llamada a consultas es una herramienta enérgica de protesta diplomática. Equivale a una retirada temporal del embajador durante un periodo de tiempo indeterminado y hasta que se considere que se ha logrado reconducir la situación o el incidente que provocó la protesta.

En la escala de medidas de protesta diplomática, la llamada a consultas está un nivel por debajo de la retirada definitiva del embajador y la ruptura de relaciones diplomáticas. Precisamente por tratarse de una medida dura de protesta, los Gobiernos suelen recurrir a ella de manera limitada.

De hecho, el actual Ejecutivo de Mariano Rajoy no la había utilizado antes en lo que va de legislatura contra ningún Gobierno. Pero la escalada verbal creciente de Maduro contra el Gobierno, el Parlamento español y contra una institución como el expresidente del Ejecutivo Felipe González ha terminado con la paciencia del Gobierno ‘popular’.

“Especialmente intolerables”, ha explicado el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, han sido últimas declaraciones de Maduro, que ha acusado a Rajoy de apoyar “actividades terroristas” en su país que tienen como fin derrocarle. Una acusación “particularmente ofensiva para un país como España que ha sufrido durante muchos años la lacra del terrorismo”, señala Exteriores en un comunicado.

La sucesión de desencuentros entre los dos Gobiernos en estos dos años en los que Maduro ha estado al frente del país comenzó tan solo un día después de celebrarse las elecciones que dieron la victoria a Maduro en abril de 2013.

El presidente venezolano se sintió entonces profundamente ofendido cuando el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, no reconoció el día después de los comicios su victoria ante unos resultados ajustados que la oposición cuestionaba pidiendo un recuento de votos.

El presidente venezolano reaccionó llamando a consultas a su embajador en España, una herramienta enérgica de protesta diplomática a la que Maduro recurriría en ocasiones posteriores. A la investidura de Maduro, España no envió al Príncipe de Asturias, habitual en estas citas, sino al presidente del Congreso, Jesús Posada.

Una posterior visita del ministro venezolano de Exteriores a España recondujo la situación momentáneamente, pues Maduro volvió a criticar a España por los problemas que el presidente boliviano, Evo Morales, tuvo en julio de 2013 para sobrevolar el espacio aéreo de varios países europeos, ante la sospecha de que en su avión se escondiera el filtrador de documentos de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU Edward Snowden.

Maduro denunció públicamente que las autoridades españolas pretendían revisar el avión de Morales y dijo que Venezuela podría hacer lo mismo con el avión de Rajoy en su territorio para “ver si tiene droga o los euros que roban al pueblo español”. El presidente venezolano volvió a llamar a consultas a su embajador en España -y en otros países europeos- en señal de protesta.

En medio de estos desencuentros, el PP mantuvo su apoyo a la oposición venezolana y su cuestionamiento a los resultados de las elecciones de 2013, denunciando en reiteradas ocasiones que el candidato oficialista, Nicolás Maduro, abusó de los medios de comunicación públicos durante la campaña y precampaña.

Luego llegaron las protestas estudiantiales contra Maduro en febrero de 2014, que degeneraron en unos disturbios que el Gobierno atribuyó a un intento de golpe de Estado orquestado por EEUU y en los que murieron unas 40 personas.

El Gobierno español mantuvo en los primeres meses un perfil bajo, con llamamientos generales al cese de la violencia y al diálogo entre las partes, y decidió suspender la venta de material antidisturbios a las fuerzas de seguridad venezolanas.

FIN DEL PERFIL BAJO

Hasta octubre de 2014, cuando Rajoy recibió en Madrid a Lilian Tintori, la mujer del líder opositor Leopoldo López, encarcelado después de que el Gobierno de Maduro le acusara de ser el instigador de las protestas de febrero.

Aunque Rajoy recibió a Tintori en la sede del PP y no en Moncloa para dejar patente que ese encuentro lo mantenía más como presidente del partido que como jefe de Gobierno, Maduro interpretó como una “injerencia” en los asuntos internos de su país que Rajoy pidiera la liberación de López.

Una vez más -la tercera- el presidente venezolano llamó a consultas a su embajador en España, Mario Isea, al que mantuvo cuatro meses fuera de su plaza. En ese periodo, los exabruptos de Maduro en relación con España se sucedían periódicamente, obligando al Gobierno español a protestar por esas salidas de tono.

Así ocurrió, por ejemplo, cuando Maduro responsabilizó al expresidente del Gobierno español José María Aznar de la muerte de más de un millón de iraquíes como consecuencia de la invasión del país árabe por parte de Estados Unidos y sus aliados. España respondió convocando al encargado de negocios de la Embajada venezolana, ante la ausencia del embajador, para presentar su queja.

La detención en febrero pasado del alcalde de Caracas, el también opositor Antonio Ledezma, obligó de nuevo al Gobierno español a pronunciarse y a pedir al Ejecutivo de Maduro “un comportamiento acorde a un Estado de Derecho”.

Rajoy recibió también a la esposa de Ledezma, Mitzy Capriles, durante su visita a España en marzo pasado. Maduro le llamó “franquista”.

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